SAN VICENTE

San Vicente está situado a mitad del valle de la Mangueta, en el eje que va de Caldearenas a Escusaguá. Se encuentra aproximadamente a 30 minutos en coche de Sabiñánigo y a otros 30 minutos de Huesca.

Alrededor de 1842 vivió su época de mayor población, cuando pertenecía a Serué y contaba con 87 habitantes. Hacia 1900, ya como San Vicente, mantenía 74 vecinos, una cifra notable para un núcleo pequeño de apenas 12 casas, pero con un amplio territorio de labranza que se extendía desde la sierra hasta el solano. Cada casa disponía de numerosos huertos repartidos en pequeñas parcelas, como era habitual, donde cada rincón tenía su propio uso y valor.

En la actualidad viven unos 17 vecinos, en su mayoría personas mayores. El año pasado se produjo un nacimiento en el pueblo, algo que no ocurría desde hacía unos 50 años.

Yo pertenezco a Casa Benito. Mi padre era descendiente de Agüero y, siendo muy joven, se trasladó a estas tierras para trabajar en Estallo, Aquilué y otros pueblos del valle. Quedó tan enamorado del valle, y bueno, de madre, que decidió quedarse definitivamente.

Recuerdo que de pequeños, con mis hermanos, visitábamos las casas del pueblo, siempre acogidos con cariño. Nos contaban historias de solidaridad entre los pueblos, especialmente en tiempos difíciles como la Guerra Civil, cuando en esta zona hubo movimientos de frente y la gente se desplazaba de un lugar a otro. Mi madre recordaba incluso cómo costaba borrar las pintadas que dejaban ambos bandos en las puertas de las casas.

Mi abuela Emerita, de Casa Martín de San Vicente, me contaba que cuando eran novios con mi abuelo, él subió varios años en rogativa a Santa Orosia para pedir agua. Hacían noche en Layes y al día siguiente hacían la subida. Siempre repetía que bajaban descalzos por el agua que había caído, tal era la fe que le tenían a la Santa.

No se recordaba que se subiera desde aquí como romeros a Santa Orosia, aunque en algunos libros sí queda documentado. Cuando Graciano supo que mi familia era de San Vicente, me invitó a participar en la romería, y desde entonces, salvo alguna obligación o circunstancia, subo siempre que puedo, encantado de acompañar a la Santa y a todos vosotros.

Héctor Romero de San Vicente


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